La verdad… no lo sé. No me acuerdo.
Es como si desapareciera un segundo y sólo quedara la mano moviéndose. Me pierdo en el momento, en ese pequeño trance donde estoy conmigo y con esas partes mías que no veo, pero que se asoman en el papel.
Dibujar es algo que tengo desde niño, pero en estos últimos años agarró otra fuerza. Otra profundidad. Aquí aparece algo que la música no toca: un silencio vivo, un espacio donde la tinta encuentra su propio camino y la hoja en blanco me abre una puerta.